jueves, 21 de octubre de 2010

Espabila.

Ya llegó la hora, ya es viernes. Ya es el día en que os veis. El día o la hora. Es una hora, tú hora, su hora. La hora en que te dice lo mucho que te quiere, mientras tú pagas sus caprichos.
El servicio de taxi, su coca cola light, pero cuando te das cuenta ya son las 8 y ella ha quedado con sus amiguitas y tú ya no entras en sus planes. Ya cumplió con su labor.

¿Y a eso le llamas novia?

Pero claro, que entre semana habláis mucho por teléfono (el que tú pagas) y te dice que te ama y que te adora (sin embargo cuando tú te vuelves a casa solo, ella no te quiere), que no puede estar sin ti (quizá es más bien sin sus amiguitas de turno)...

¿Y eso te compensa?

Lo que te jode es que haya habido alguien en tu vida que te haya dicho cuatro putas verdades, que te quiera por lo que eres y no por lo que puedas llegar a ser; que te quiera sin tu cochecito, sin tu super móvil, sin tu ropita, con todas tus mierdas, tus errores y tus secretos... No es que sea la única chica que no me quiera montar contigo en el coche, es que no me gusta aprovecharme de ti; me gusta más una caminata a tu lado y poder tomarnos una copita a mayores; tu ropita me encanta, pero me gustas más sin ella.

Y tú ya no eres lo que eras. El cabrón que jugaba conmigo desapareció, y está el gilipollas que deja que jueguen con él.

Espero que vuelvas pronto a ser lo que eras, porque hecho de menos a mi mejor amigo, aunque pase lo que pase yo te quiero y te querré igual.

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