Porque si no lo haces tú, entonces lo haré yo y las consecuencias que eso traiga... ¡Dios sabe lo que pasará!
Mírame y dime entonces que no me quieres y que aquel beso de esa noche olvidada fue un juego. Dime que estás jugando conmigo y con mis sentimientos. ¡Vamos! ¡Atrévete! Dime que no soy nada para ti.
Dime que aunque nunca jugaste con una mujer, ésta fue la primera y que te lo pasaste bien. Pero no podrás decirlo, porque ni eso hiciste; no disfrutaste de tu juego.
Y ahora estás ahí, tumbado en la cama, comiéndote el coco casi tanto como yo. En cambio los motivos son distintos. Yo sufro por no poder amarte como quisiera, porque eres el hombre que me tiene puesta esta condena.
No hay comentarios:
Publicar un comentario